Sígueme tú, que del vecino me encargo yo.

Sígueme tú, que del vecino me encargo yo.

(Lucas 9:62; Juan 21:21-22). Cuando Jesús nos dice que le sigamos nos pide que no miremos hacia atrás, ya que si un agricultor no fija su mirada en el frente al momento de arar la tierra, los surcos le quedarán torcidos.

Seguir a Jesús implica no perderlo a Él de vista y concentrarnos en lo que está por delante, en la tarea de cada día, sin lamentarnos por lo que queda atrás.

Y hay otra mirada que el Señor nos pide que evitemos para que no nos desenfoquemos, es la mirada hacia nuestros compañeros, para no tener que comparar lo que ellos están haciendo con lo que estamos haciendo nosotros.

Esa mirada, a menos que se inspire en el amor, no es buena, porque despierta celos, envidias, resentimiento y rivalidad, cuando nos creemos inferiores; o despierta orgullo y vanidad, cuando nos creemos superiores.

Después de resucitado, en uno de sus encuentros con el grupo de apóstoles, Jesucristo establece una conversación privada con Pedro en la cual en tres ocasiones le pregunta si le ama. Él le responde que sí, las tres veces.

Y entonces Jesús le encarece que cuide de los discípulos porque ellos son como corderitos que demandan mucha atención.

Después le insta a que le siga, mas Pedro nota que cuando va a seguir a Jesús, Juan se les va detrás, por lo cual le pregunta al maestro: “y qué hacemos con éste”.

Y la respuesta de Jesús sigue haciendo eco en nuestros días:

“Y si quiero que él se quede vivo hasta que yo regrese, ¿a ti qué?”.

En otras palabras: “no te preocupes por  Juan,  a ti no te debe importar lo que yo tengo para él, preocúpate tú por seguirme a mí que de Juan me encargo yo.

Ya te dije que cuidaras de los discípulos, que los amaras y sirvieras, pero eso no significa que puedas intervenir en sus vidas y en los planes que yo tengo para cada uno.

Yo soy quien los llama, quien les da los dones y talentos para que puedan servir en un determinado ministerio. Soy yo quien los sustenta y  los cuida.

Yo no improviso,  tengo planes definidos para cada uno.

Tú trabajo no es decidir qué será de sus vidas, sino apoyar lo que yo hago en ellos, con ellos y a través de ellos”.

Ya dejemos de estar pendientes de lo que hacen o no hacen los demás, simplemente para justificar el por qué razón no estamos haciendo lo que Dios  nos ha pedido que hagamos.

Él se encarga de cada uno, Él sabe muy bien cómo lidiar con cada persona.

Ocupémonos de hacer nuestros surcos bien derechos, con la mirada puesta en el Señor.

¡Adelante, prosigamos hacia el premio que Papito Dios nos tiene preparados!

¡No miremos ni hacia atrás ni hacia los costados, miremos hacia el frente!

Y si hemos de mirar por un momento hacia otro lado, que sea para apoyar, para motivar o para inspirar, pero jamás para murmurar, para chismear, para criticar o envidiar.

FUENTE: www.devocionalesenpijama.com

 

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