ARTÍCULO: El Volumen de Nuestro Testimonio

ARTÍCULO: El Volumen de Nuestro Testimonio

La clásica frase “make some noise” usada en muchas canciones para pedir una manifestación audible de apoyo a lo que se está diciendo, puede traer algunos problemas si se traduce textualmente y más si se lleva a la práctica literalmente. Lo mismo con “make a joyful noise”, traducido como “hagan ruido de júbilo”, que en los salmos se presenta como “aclamen alegres”.

Ese “clamor” o grito vigoroso, en nuestros días puede ser amplificado por medios electrónicos, al igual que los instrumentos musicales utilizados para acompañar nuestras expresiones de alabanza a Dios. ¿Pero en qué punto lo que pretendemos que sea un “dulce sonido” para Dios, se convierte en un “molesto ruido” para nuestros vecinos?

Con el florecimiento de las comunidades virtuales por Internet podemos conocer realidades de diversas latitudes, y una consulta que recibí por email desde una de ellas me dejó atónito. Luego me di cuenta que si buscas en Google por “ruido iglesia evangélica”, desde Yahoo Respuestas hasta Needish, entre otras, sabrás de personas que se preguntan qué hacer para terminar con el ruido que producen algunas congregaciones.

Si bien en más de algún caso los reclamos serán parciales y polarizados hacia los evangélicos — sin actuar equitativamente con discotecas, bares, y otras fuentes de contaminación auditiva — debemos ser honestos y reconocer que en muchos casos nuestros vecinos tienen justificadas razones para estar molestos con nuestros “gritos de júbilo”.

Amplificar o Distorsionar

Uno de lo factores elementales a considerar en la ecuación del equilibrio entre nuestra válida expresión de alegría y cómo se escucha desde afuera esa expresión, es el adecuado manejo de los sistemas de amplificación.

Amplificar no es distorsionar. La necesidad de amplificación está dada por el tamaño del recinto en el que se reúne la iglesia local y la cantidad de personas que se reúne. Si usamos un equipo pequeño a su máximo volumen, el resultado será distorsionado y ruidoso. En cambio un equipo más poderoso usado por debajo de su nivel máximo se escuchará muy claramente.

Hay mucha información disponible acerca del correcto uso de ecualizadores, compresores y otros procesadores de sonido que permiten amplificar adecuadamente sin distorsionar o variar el sonido original. Por ejemplo, la voz no tiene por qué “retumbar” con cada “P” o cada “T” que se pronuncia. Lejos de sonar más “celestial” o “poderosa”, pierde inteligibilidad, y es un signo claro de ecualización incorrecta (exceso de tonos graves).

Ruidos Molestos o Contaminación Acústica/Auditiva

Además de la interpretación semántica, hay diferencias en términos legales al referirse a los “ruidos molestos” o a la “contaminación acústica”, cuando se trata de llevar a las autoridades un problema de falta de control de los niveles de sonido por parte de una iglesia.

Aunque la legislación es diferente en cada localidad, la lógica y el sentido común — alimentados por la más alta ética cristiana — deberían llevarnos a considerar en amor a nuestros vecinos del vecindario, y no brindarles un estruendoso atardecer con la reunión de jóvenes del sábado para despertarlos unas horas más tarde de la misma manera con el “servicio dominical”.

Muchos de estos problemas pueden solucionarse con un adecuado acondicionamiento acústico del lugar de reunión de la iglesia local, incorporando materiales absorbentes en paredes y techos, idealmente desde el diseño mismo del edificio en construcción.

Hagamos el Verdadero Ruido

El impacto de la Iglesia en la comunidad debe ser impulsado y ejecutado por el amor. Si actuamos así, es imposible tener vecinos molestos por nuestros hábitos de honra y adoración a Dios. O al revés, no podemos decir que estamos honrando y adorando a Dios si el resultado de lo que hacemos no es interpretado como un acto de amor a nuestros vecinos.

Una interesante reflexión que encontré en un sermón al buscar aplicaciones prácticas al concepto de “hacer ruido”, es esta: “Hacer ruido es ir, impactar a la sociedad con la justicia de Dios, con la gloria de Dios. Hacer ruido, es que vean la santidad en el Cuerpo de Cristo”.

FUENTE: www.enlacemusical.com

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