‘Milagro en la mina’, la historia del minero chileno José Henríquez

‘Milagro en la mina’, la historia del minero chileno José Henríquez
“Dios merece todo el crédito por salvarnos. Él nos mantuvo bien en el refugio”, afirma el minero que lideró las oraciones a 700 metros de profundidad.

 José Henríquez , uno de los 33 mineros rescatados luego del derrumbe de la mina San José, en Copiapó, al norte de Chile, iniciará una gira para presentar su libro  Milagro en la Mina , que relata la historia vivida el año pasado. El autor, acompañado por su esposa, iniciará las presentaciones en Santiago de Chile, y visitará luego Miami, Nueva York y la Ciudad de México. El libro se ha sido publicado por Editorial Vida, simultáneamente en español e inglés.

Como se recordará, luego del derrumbe del 5 de agosto en la Mina San José, 33 mineros quedaron atrapados durante 69 días —el mayor tiempo que ninguna otra persona en la historia de la humanidad ha permanecido sepultada bajo tierra—.

 A 700 metros de profundidad y rodeados por más de 700,000 toneladas de roca inestable se mantuvieron con vida gracias a su valentía, el apoyo mutuo y su inquebrantable fe. El mundo no tuvo conocimiento de su supervivencia sino hasta 17 días después del accidente  y, 52 días después, todo el orbe contempló con asombro cuando el último minero rescatado subió a la superficie el 13 de octubre de 2010.  Henríquez dijo sobre su rescate: “Me di cuenta de que Dios no había considerado ningún costo demasiado alto con el objetivo de liberarnos”.

 TESTIMONIO
El rescate de los mineros fue el acontecimiento con mayor cobertura mediática en la historia de la televisión. Más de mil millones de personas observaron la hazaña del salvataje de Los Treinta y Tres.

 Aunque Milagro en la Mina toca el tema del accidente y el rescate, también se enfoca en la vida de ‘el pastor’ —como lo llamaban respetuosamente sus compañeros—, a quien se le asignó la tarea de dirigir las oraciones del grupo y pedir un milagro.  Su preparación desde muy joven, su familia, su desarrollo entre los obreros de las minas chilenas, su apego a la verdad, así como su cuidadosa integridad y reputación aún en el fondo de la tierra, constituyen la esencia del contenido de estas páginas.

 El libro resalta el trasfondo de Henríquez y habla de los acontecimientos que se produjeron y siguieron a los 69 días que estuvo atrapado bajo tierra. Incluyendo los aspectos de liderazgo espiritual que Henríquez brindó a sus compañeros para ayudarlos a valerse de la fe en Dios como un medio de supervivencia. “Nunca pensé que predicaría en una mina. Dios hizo esto por mí porque así es como él nos rescata para darnos nuevas oportunidades”, explicó Henríquez, experto tornero y maquinista.

“Antes del accidente cada hombre se concentraba en cumplir con sus responsabilidades y no teníamos relaciones personales estrechas unos con otros. Con el paso de los días la actitud de estos jóvenes empezó a cambiar. Comenzaron a mostrar muchas cualidades positivas y a hacer muchas cosas buenas. Algunos se destacaron bastante, lo que es digno de mencionar, ya que aunque eran jóvenes y no tenían mucha experiencia, se comportaron como hombres”.

 ÚLTIMA CENA
 Llegó un momento en que el único alimento que les quedaba era una lata de atún de unos doscientos gramos . “Cuando estábamos a punto de consumir nuestro último bocado, resolvimos hacerlo de una manera diferente. Decidimos celebrar lo que llamamos ‘la última cena’, aunque era la hora del almuerzo”, reza uno de los pasajes del libro.

 Fue justo en esos momentos que la segunda sonda entró al refugio y que pudieron comunicarse con el mundo exterior.  “Dios merece todo el crédito por salvarnos. Él nos mantuvo bien en el refugio”, afirma el minero.

 José ofrece un mensaje de fe y esperanza.  El milagro de ser rescatados de las profundidades de la tierra trae esperanza a miles que se encuentran atrapados en sus propios peligros, fracasos, cárceles, accidentes y enfermedades.

“Una señal de Dios en medio de un mundo peligroso donde miles mueren en minas o accidentes todos los días, la mayoría de las veces por causa del egoísmo y la codicia del hombre. Sin embargo, inexplicablemente, por causa de este accidente ahora podemos confirmar que hay un Dios vivo que escucha la oración, aun del más pequeño y en circunstancias imposibles. Este es un Dios que hace milagros hoy. Nuestra fe en Dios me ayudó a mí y a mis amigos a sobrevivir esta experiencia”.

Fuente. www.noticiascristianas.org

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